Capítulo XI
(V)
Llegamos así al acápite sobre el Sefer ha-Zohar, el Libro del Esplendor, cumbre de la Cábala española en palabras de nuestro autor, cuya paternidad es atribuida a Moisés de León (1240-1305), que es además autor de muchas otras obras, entre las cuales se encuentran: La Rosa del Testimonio; La Luz Sembrada; El Libro de la Granada; El Alma Inteligente; El Libro de la Balanza; El Siclo del Santuario; La Residencia del Testimonio; El Secreto de las diez sefiroth misteriosas, etc.
El hecho de que este acápite sobre el Zohar sea el más extenso de Presencia Viva de la Cábala, habla por sí solo de la importancia que Federico le concede. No en vano el Zohar ocupa un lugar central en la literatura cabalística de todos los tiempos, siendo en palabras de Scholem (Las Grandes Tendencias de la Mística Judía) el único libro de la literatura rabínica postalmúdica que se convirtió en un texto canónico y que durante varios siglos estuvo al mismo nivel que la Biblia y el Talmud.
Es una obra verdaderamente monumental (varios volúmenes en las lenguas occidentales) que culmina, sintetiza nuestro autor,
el proceso de gestación iniciado por el Sefer Yetsirah, el Bahir y las diversas influencias que lo incubaron como las Cábalas de Provenza y de Gerona a las que nos hemos referido, y que desembocaron en Castilla en la figura del copista Moisés de León y su entorno. Este sabio, muy probablemente en estrecha colaboración con un pequeño grupo de adeptos que por la unanimidad en el pensamiento no pueden distinguirse como individualidades en el texto, realizó una enorme labor de síntesis doctrinal, que –procedente de diversas fuentes tradicionales– integró en un discurso de formato judío, pero con claras reminiscencias neoplatónicas y neopitagóricas, herméticas, gnósticas e incluso cristianas. (162).
Ciertamente la Cábala castellana supuso un impulso definitivo y una consolidación de las ideas que brotaron en Provenza un siglo antes; pero además:
La mayor parte del pensamiento cabalístico, al igual que el sistema sefirótico, tal cual hoy ha llegado hasta nosotros, están ya cuajados en el Libro del Esplendor. Según Scholem, cuestiones tan complejas y fundamentales como la teosofía del En-Soph, nombre convencional para tratar de describir algo indescriptible, no estaban aún dilucidadas en la Cábala hasta la aparición de este libro… (163).
En relación con todo esto, cita los siguientes fragmentos de Charles Mopsik (de su prólogo a la edición francesa de Verdier, que es, junto a la castellana de la editorial argentina Sigal al cuidado de León Dujovne, la que utiliza básicamente nuestro autor), que nos hablan del componente «innovador» (casi «revolucionario» para ciertos rabinos) que tuvo el Zohar, hasta el punto que tras su aparición hubo un antes y un después dentro del misticismo judío, e incluso dentro de la vida y la cultura judías, y puede decirse que el Libro del Esplendor, que mantiene permanentemente la íntima relación, reciprocidad y concordancia del hombre con la divinidad y la divinidad con el hombre (ejemplificada como ningún otro símbolo en el «sello de Salomón») sacudió las conciencias de ese pueblo, e introdujo además una visión lo suficientemente amplia en cuanto a los conceptos e imágenes vertidas en él para que su texto atrajera también la atención de los no judíos. Dice Mopsik:
El Zohar ha introducido ciertamente una ruptura temporal en la cronología de la evolución del pensamiento y de la práctica judías, al punto que es posible hablar de una época pre-zohárica y de una época post-zohárica. En tanto que fenómeno religioso, ha cristalizado toda una tradición escrita y oral para la que se ha convertido en libro de referencia principal si no es que en libro canónico. De todas maneras, él es primero el producto de una microsociedad compuesta de algunos rabís castellanos, más bien marginados, que se dio por misión hacia el fin del s. XIII regenerar el judaísmo, encontrar sus fuentes fecundas de revelaciones proféticas, a partir de sus tradiciones esotéricas descuidadas y aun rechazadas por las autoridades rabínicas dominantes, renovando la exégesis del midrash y dando a este género literario, sobrepasado por el peruch o exégesis literal, un nuevo soplo. Todas las energías, todas las fuerzas intelectuales que podían contribuir eficazmente a este proyecto audaz fueron movilizadas.
(…) La situación de este libro, que es un verdadero corpus literario, constriñe al que se libra a su estudio a abrir un campo de búsqueda vasta y diversificada. Nos ha sido entonces necesario abrevar en la inmensa literatura de la que el autor del Zohar se ha nutrido y que al haberla integrado de manera tan coherente en su sistema de pensamiento es a menudo difícilmente identificable. Si las citas directas, salvo las menciones de los versículos bíblicos comentados, son muy raras, las páginas de este libro están cargadas de una impresionante memoria que ha registrado prácticamente todo aquello de importancia que se ha escrito o traducido en hebreo o en arameo en el medio judío antes del fin de siglo XIII, y que no ha descuidado absorber ciertas fuentes exteriores árabes y latinas.
(…) Los cabalistas, y en particular el autor del Zohar, han encontrado en la literatura mística antigua que llegó a sus manos, los elementos, aun incluso los fundamentos, que les han servido de escalón y les han dado el impulso decisivo. En ciertos de sus escritos, han podido percibir como un eco extraño de las doctrinas cristianas a las cuales estaban confrontados. Una obra en particular ha jugado un papel esencial: el Alfabeto de Rabí Akiba. En este texto cuyo origen exacto y la fecha de aparición son aún inciertos, al lado de largos pasajes tomados de la literatura de los Palacios, pueden ser descubiertos fuertes indicios de ideas típicamente cristianas, más precisamente judeo-cristianas. (162-163).
Hemos querido poner íntegros estos fragmentos porque nos dan una idea bastante precisa y sintética del contexto donde nace el Zohar y de las influencias bíblicas, metafísicas y filosóficas que su autor recibe y que nutrieron su pensamiento. Moisés de León y su círculo de cabalistas castellanos,[540] en el corazón de Sefarad y enmarcados por una geografía parca de matices por la omnipresencia del cielo y su luz sobre la tierra del altiplano mesetario, ofrecieron al mundo lo mejor del genio y del espíritu judío en una obra que es en sí misma una síntesis prodigiosa de la Cosmogonía Perenne y la Gnosis Universal.
Hemos de decir que por nuestra parte tenemos que hacer un gran esfuerzo para resumir el enorme caudal de ideas que manan de este acápite sobre el Zohar, que sentimos nos conduce al corazón mismo de la Cábala, y nos sitúa constantemente ante «la realidad de lo Innombrable»:
Lo que es denominado la Causa que está más allá de todas las Causas no conoce término que le sea superior, y nada de lo inferior le es parecido, lo cual está señalado por las palabras: «A quién me compararíais y a quién me igualaríais, dice el Santo» (…) Rabbí Simeón replica: ¡Que vuestros oídos entiendan lo que vuestras bocas digan! ¿No os acabo de explicar hace un instante que lo que es denominado «la Causa de las Causas» no es lo mismo que «la Causa más allá de todas las Causas»? En cuanto a esto último, no existe segundo al que pudiera referirse, es único, anterior a todo, sin asociado. (Zohar, tomo I. Verdier). (168).
Y a continuación Federico habla del despliegue cósmico a partir de la emanación de su Principio, Kether en el Arbol de la Vida. Entresaca del Zohar algunos fragmentos que hablan de dicha emanación en «base a símbolos numéricos y geométricos, tan unánimes a los de la formulación pitagórica acerca de la génesis cósmica». Un pequeño ejemplo:
Tres surgió de Uno. El Uno en Tres toma consistencia: penetra entre Dos y Dos amamanta al Uno; Uno amamanta los múltiples sectores y entonces todo es Uno. (Verdier. Tomo I).
A lo que responde nuestro autor:
Con el primer trazo geométrico, el del punto que al contemplarse a sí mismo genera una recta, se simboliza la emanación de la primera idea, llamada diosa Sabiduría, de la que se dice que estaba con Dios antes de la creación del mundo, y que por su intermedio el universo fue creado. Ella, denominada también Pensamiento, es la que lo «inventa» y «diseña». Mas la Sabiduría no se reconocería a sí misma sino fuera por la diosa Inteligencia. Esta faceta de la deidad está emparentada con el rigor y es la que va a arreglar tu vida (a ordenar la vida del iniciado), puesto que es la que selecciona los valores, y por otra parte es el elemento de unión que conjuga la tríada primordial, es decir, la que realiza la unión entre Kether y Hokhmah, o sea el primer matrimonio que libre de los opuestos conforma la ficha básica primigenia de la cual el mundo es creado, aun de modo arquetípico, en la primera manifestación que constituye el movimiento generativo ya en otro plano. Además, la Inteligencia se ha relacionado con el rigor, pues el discernimiento se realiza espada en mano: cortando todo lo que no es, brilla la inteligencia con lo que la refleja y, simultáneamente pero en sentido inverso, esta puede retornar todo a la unidad esencial.
(…) La arquitectura universal tiene un fundamento numérico; los números son dioses, ideas que al combinarse en distintas proporciones y ritmos generan módulos y estructuras interrelacionadas que conforman el «cuerpo» invisible del Ser único. (170-171).
Y sobre esto último pone un ejemplo del Zohar que habla del centro del mundo basándose en el simbolismo numérico y de las distintas piedras y pilares sobre las que se sostiene la arquitectura cósmica, obra del Santo de los santos:
Rabbí Eleazar dijo: El abismo fue fijado por cuatro piedras que más abajo se anclaron sobre una piedra única que es el pilar. Es allí encima que se sostiene el mundo, tal como se dice: «¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿Quién asentó su piedra angular…? (Job 38, 6). Y rabbí Zera añadió: Sobre esta piedra el mundo fue establecido, sobre ella se sostiene. Ella es el Santo de los santos, el ombligo del mundo. Las piedras sumergidas en el abismo emergen, después hacen brotar las aguas. Rav bar Jacob afirmó que el abismo se asienta sobre tres piedras que son los pilares de la tierra (…) Rabbí Simeón enseñó: La tierra se sostiene sobre siete pilares, tal como se dice: «Ella ha labrado sus siete columnas» (Prov. 9, 1). Estos están suspendidos encima de las aguas. Al respecto, el rey David –la paz sea con él– pronuncia siete veces la palabra «voz» en el Salmo siguiente: «Voz de YHVH sobre las aguas» (Sal. 29, 3). Todo se sostiene sobre siete: los pilares del cielo son en número de siete, hay siete espacios, siete constelaciones, siete grados, siete pueblos en lo alto, siete pueblos en lo bajo, siete tierras, siete mares, siete ríos. Los días del principio son siete, siendo el séptimo el sábat para YHVH, día totalmente sabát. (Verdier, tomo I).
Nuestro autor:
En realidad la construcción del templo de Salomón a la que tanta importancia otorga la Tradición Hebrea no está sino sustentada en esa edificación ideal emanada del Principio, y es su proyección en un momento determinado, al tiempo que un medio de realización espiritual para los obreros que lo erigen. Estos artesanos, al igual que todos los que se suman a la labor de regenerar al universo con otros soportes, como el de la misma escritura que se fija en el Zohar, no viven su existencia como una carrera de méritos para ascender grados exteriores según patrones prefijados, ni aspiran a ser siempre «algo más» en un ficticio mundo de categorías y estamentos, sino que simplemente se suman al discurso siempre vivo que la deidad labra en sus corazones, y participan del rito reiterado de ser todo lo que es, en el eterno presente. (172).
Federico –cuyo discurso a veces llega a confundirse con el propio texto del Zohar, hasta tal punto están ambos compenetrados–,[541] de una manera magistral, toca si no todos (lo cual sería imposible teniendo en cuenta las limitaciones de espacio) sí al menos los suficientes puntos esenciales para que el lector tome conciencia de lo que es y significa este «libro de libros» dentro del esoterismo no sólo judío sino universal, es decir dentro de la Metafísica de la Historia. En efecto, en él, señala nuestro autor:
se re-escriben de muchas maneras posibles las verdades eternas, siempre asombrosas e impactantes, las cuales van encaminadas a rescatar al ser humano del error y la ignorancia y a introducirlo en el esplendor de la conciencia del Santo, bendito sea, que como ya hemos ido intuyendo tiene muchas estancias y recámaras. (…).
En una atmósfera fuera de la linealidad temporal y en un espacio distinto del signado por los puntos cardinales se congrega un pequeño círculo de adeptos alrededor de rabbí Simeón bar Y ochai, apodado «la Lámpara Santa» –sabio mítico del siglo II que vivió en Palestina y del que se dice es el padre legendario del Zohar. Por su intermediación, esos rabís reciben la revelación de altas enseñanzas esotéricas y se reconocen íntimamente vinculados a la Torah, a cuya intelección se abocarán día y noche, deviniendo, según palabras del propio Zohar, sus amantes y transmisores. (…).
Este clima evocador, cargado con grandes dosis de poesía y envuelto por el misterio de la Verdad intangible, se irá perfilando y matizando en cada una de las páginas de este voluminoso corpus, e irá invitando al lector de todo tiempo a adentrarse en un mundo interno e íntimo, a-histórico, siempre presentido y en todo caso perfectamente actual.
Todas esas energías y fuerzas intelectuales que mencionaba anteriormente Mopsik no habrían emanado hacia el exterior con la intensidad con que lo hicieron sino hubieran estado previamente concentradas en «el misterio de la Verdad intangible» de que habla nuestro autor en estas citas. Incluso podríamos decir que esos cabalistas castellanos, envueltos ellos mismos en esa atmósfera sutil que sólo la vivencia del mito hace posible, se consideraban herederos, o mejor que pertenecían a la escuela del legendario sabio Rabí Simeón bar Y ochai, que es «a-histórica» porque está unida a la Escuela Celeste y vertical; a ellos les aconteció realmente la venida del Espíritu en sus almas receptivas a su influjo, tal y como el mismo Zohar (tomo I) lo expresa con las siguientes palabras:
Rabbí Hiya oyó de repente una voz que clamaba: «Haced un lugar, haced un lugar ya que el Rey Mesías llega a la Escuela de rabbí Simeón». Todos los justos que la integraban eran los jefes de la Escuela, escuelas célebres allí. Y los compañeros de estudio de todas las Escuelas se elevaron desde la Escuela de aquí hasta la Escuela del espacio.[542] El Mesías va a todas las escuelas y fija su sello sobre la enseñanza procedente de la boca de los rabbís.
«El Mesías va a todas las escuelas…», es decir está presente allí donde pronuncian su Nombre, siempre, también aquí y ahora. Esta es realmente la fuerza y la energía que implantadas en sus espíritus impulsó a aquellos cabalistas a esa renovación del judaísmo. No podía ser de otra manera. El Zohar es el fruto del entrelazamiento de lo humano con la Deidad, y de ésta con lo humano, pues se trata de una vida, la de Moisés de León –y sus compañeros– dedicada enteramente a la concentración e invocación de las ideas más altas, que una vez maduradas y asimiladas en su conciencia las dona a la humanidad al darse cuenta del profundo letargo en que se encuentran sus semejantes. En la nota 139, aparecen las siguientes palabras que Moisés de León escribe en otra de sus obras, La Residencia del Testimonio:
Una generación muere y otra generación le sucede, pero los errores y las falsedades perduran. Y nadie ve ni oye, nadie despierta, pues están todos dormidos; un sueño profundo enviado por Dios ha caído sobre ellos, y les impiden preguntar, leer y buscar. Y cuando vi todo esto me sentí obligado a escribir sobre estos misterios, a ocultarlos y a meditar sobre ellos a fin de revelarlos a todos los hombres que piensan y para transmitir todas estas cosas a las que dedicaron su vida los sabios del pasado. Pues estas cosas están dispersas en el Talmud, en las palabras de los (otros) sabios y en sus fórmulas secretas, valiosas y mejor ocultas que las perlas. Y ellos (los sabios) han cerrado la puerta con llave tras las palabras y han escondido todos sus libros místicos porque vieron que no había llegado el momento de revelarlas ni de publicarlas. Como dijo el rey sabio: «No hables al oído del tonto». Aun así he llegado a reconocer que sería meritorio sacar a la luz lo que estaba en las sombras y revelar los secretos que ellos han ocultado.
Todo lo recibido de la Tradición hebrea, así como las ideas-fuerza procedentes de esta o aquella otra tradición o corriente de pensamiento, se reunieron y armonizaron en su interior, regenerando el mensaje perenne, es decir desplegando nuevas perspectivas de comprensión de la Tradición, a lo cual ayuda sin duda alguna el formato de homilía que caracteriza a todo el Zohar. Ese carácter homilético, de plática entre la «Lámpara Santa», sus compañeros y discípulos, unido a la virtud de su autor de decir las verdades más profundas con un lenguaje accesible y expresado en una prosa poética que despierta sutiles evocaciones de otros estados en el alma del lector, es en nuestra opinión una de las razones de su perdurabilidad en el tiempo, es decir que siempre es actual como el mensaje que emite.
La Torah puede compararse con una bellísima y majestuosa doncella que está recluida en una cámara aislada de palacio, y tiene un amante cuya existencia sólo ella conoce. (…) En el principio (…) le da una señal. (…) Cuando por fin él está en términos cercanos a ella, le descubre su rostro y sostiene una conversación con él acerca de todos sus misterios secretos y todos los caminos secretos que han estado ocultos en su corazón desde tiempo inmemorial. Así un hombre se hace un verdadero adepto a la Torah, un «señor de la casa», pues a él, ella le ha descubierto todos sus misterios sin guardar ni esconder uno solo. Ella le dice: ¿Ves la señal, la pista, que te di en un principio? ¿Ves cuántos misterios encierra? El entonces cae en la cuenta de que no se puede añadir una sola cosa a las palabras de la Torah, ni se le puede quitar tampoco ningún símbolo, ni una letra. Así deberían seguir los hombres a la Torah, con todas sus fuerzas, y convertirse en sus amantes, como hemos visto. (Citado por Scholem. Zohar. El Libro del Esplendor).
Incluso cuando el lenguaje del Zohar se hace más abstruso e impenetrable (como en el tratado Sifra di-Tzeniutha, «El Libro del Secreto», ver p. 178 a 181) su contenido no deja de resonar en nuestra inteligencia, que puede entenderlo o intuir su significado verdadero a la luz proporcionada por otros tratados, secciones o partes del propio Zohar, puesto que todo él constituye un organismo vivo interrelacionado hasta en el más mínimo detalle, lo que nos confirma que estamos ante una obra de un sabio inspirado por los dioses, es decir por las propias ideas y realidades superiores a las que él invoca permanentemente en su corazón. Diríamos incluso que el mismo hecho de escribir, de traducir en lenguaje humano esas profundidades en las que penetra, que son las «fuentes de agua viva», y hacerlo con la conciencia clara de que está uniendo con la letra escrita el «mundo de abajo» y el «mundo de arriba», constituye una forma operativa de la oración y la invocación sagrada. Del Sifra di-Tzeniutha he aquí lo que afirma nuestro autor:
Este opúsculo tan críptico, complicado de descifrar aplicando sólo la lógica racionalista, logra sintetizar en cinco capítulos el extracto de la enseñanza cosmogónica de la Cábala, haciendo hincapié en una simbólica antropomórfica de la deidad (es frecuente la alusión a la cabeza, los ojos, la frente, la nariz, las mejillas, la boca, la cabellera, la barba, el corazón, etc.) que constantemente apela a una realidad otra, supranatural o suprahumana, trascendente a todo lo limitado, pero inmanente en todas sus producciones. (178).
Resalta también nuestro autor un aspecto de la doctrina que está muy desarrollado en el Zohar, y que desde luego toca el Sifra di-Tzeniutha. Nos referimos al simbolismo del «lado de la derecha y del lado de la izquierda» en la divinidad, que forma parte fundamental de la Cosmogonía, y que en una lectura exotérica se identifican respectivamente con el bien y el mal siempre en conflicto, pero que son en realidad, dice Federico,
otra manera de expresar simbólicamente la polarización de la deidad. Y a vimos que esta separación se revela a veces como un arriba (jerárquicamente superior) y un abajo, y también como una diestra y una siniestra, donde la derecha es de igual modo preeminente sobre la izquierda.
Son muy interesantes estas palabras en cuanto a una enseñanza que deriva de la estructura del Arbol Sefirótico, considerando el lado derecho (el de la Misericordia y la Gracia) como la proyección del mundo de arriba (superior), y el lado izquierdo (el del Rigor) como la proyección a su vez del mundo de abajo (inferior). Al menos esta sería una lectura de las varias que tiene, pues es evidente que en una lectura más elevada las dos columnas de la Misericordia y del Rigor emanan de la sefirah Hokhmah (Sabiduría) y de la sefirah Binah (Inteligencia), respectivamente, es decir del plano ontológico de Atsiluth. Pero en cualquier caso abordarlas bajo aquella lectura más restringida formaría parte de una didáctica que posiblemente nos ayude a comprender el proceso que conduce al nacimiento de esa polaridad arquetípica en el ser humano.
Precisamente para ilustrar todo esto nuestro autor escoge el siguiente fragmento del Sifra di-Tzeniutha:
Desde que el hombre de abajo descendió según la imagen de lo de arriba, hubo en él dos espíritus, [procedentes] de dos lados, el de la derecha y el de la izquierda. El hombre fue compuesto, por la derecha, de un alma santa (neschamá), y por la izquierda, de un alma animal (nefesch). El hombre pecó, y el lado izquierdo se extendió, y se expandieron los que no tenían cuerpo; cuando se unieron los unos a los otros, engendraron, de la misma manera que una multitud procede de un animal por un solo acoplamiento.
(…) Así pues, hay dos grados: «Bendito» y «Maldito», uno va hacia su lado, el otro va hacia su lado. Del primero salen todas las bendiciones de los mundos de lo alto y de lo bajo, y todo bien, toda luz, toda salvación, todo perdón. Del segundo salen todas las maldiciones, toda ruina, toda sangre, toda desolación, toda maldad y toda impureza del mundo.
A lo que Federico agrega:
Estas tendencias, lejos de ser irreconciliables, son las que dan curso a la manifestación, pues no podría hablarse de la luz sin la contrapartida de la oscuridad, ni de la Gracia sin el Rigor, ni del día sin la noche, etc. El lado de la Misericordia emite unas energías expansivas, centrífugas y fecundas, pero todo ese caudal generativo se esfumaría sino hubiera un lado contractivo, centrípeto y acogedor que recibiera los efluvios benéficos, y poniéndoles límites, facilitara las coagulaciones al nivel que fuere. Optar por uno u otro costado es abocarse a la disolución, por exceso o por defecto, ya que sólo por su conjunción se restablece el orden, la armonía, la vía del centro, simbolizada en el Arbol sefirótico por la Columna del Equilibrio. Además, en el Zohar así como en otros textos cabalísticos, la vertiente izquierda no se presenta únicamente como lo negativo en el sentido de «malo», sino que más bien se refiere al olvido.
(…) O sea, que «el otro lado» o el lado de la izquierda llevado a su extremo se equipara a una inmersión total en la ignorancia, el error y la estupidez, de ahí también su relación con el diablo, con Satán o el Angel de la muerte, entidad que por cierto no está fuera del cosmos ni del ser humano, sino que se identifica con esas energías necias, torpes y estultas que se contentan con lo perentorio y anecdótico, por tanto con la muerte, pero que una vez reconocidas, nombradas, domadas y transmutadas pueden ser un motor para iniciar el ascenso por los claroscuros del Arbol de la Vida, pudiendo así encarnar todas sus energías y conjugarlas en cada uno de los mundos, hasta alcanzar la Plenitud o el Bien, que está por encima de cualquier oposición o complementariedad, pues siendo de un orden jerárquico superior incluye y reúne en sí toda polarización, por más alta o universal que sea. (181-2-3).
Todo ese viaje por los claroscuros del Arbol de la Vida y por los senderos que transitan la geografía y la historia sagrada del macrocosmos y del microcosmos, dio como resultado este inmenso edificio que es el Libro del Esplendor, análogo al Cosmos y a los misterios que éste contiene, y que permiten vislumbrar e intuir aquellos otros que están más allá del Cosmos, e incluso más allá del propio Ser, es decir en el No-Ser y la No-Dualidad, en donde finalmente todo es absorbido. Esa acción del cabalista Moisés ben Sem Tov de León, ese impulso que nace del interior de su espíritu y que se proyecta al exterior, al mundo y a sus semejantes, es finalmente una manifestación del Amor, que es la energía que en verdad enhebra desde el principio hasta el final todo el discurso del Zohar, su hilo sutil, como una expresión del Bien y la Libertad en su sentido más alto y metafísico:
El tema central en el discurso del Zohar y en el del corazón de aquel que se entrega a vivificar lo vertido en sus rollos es justamente el del Amor y las formas de lograrlo, directamente vinculado a la Inteligencia, pues determinadas certezas y brillos de la energía denominada Binah producen Amor, las cuales van imponiéndose poco a poco en el interior de la conciencia y como tales actúan en todo el ser humano, el que va viviéndose de otra manera, modificando conductas, abriéndose cada vez más a la Posibilidad Universal. Este Eros que el ser humano es capaz de realizar en sí mismo, o sea en el microcosmos, se extiende y expande de forma natural al macrocosmos, dada la analogía entre uno y otro orden, e incluso llega a acrecentarlo y aun a modificarlo, lo que se traduce en la liberación del microcosmos de todas sus ataduras y condicionamientos, en clara correspondencia con la que experimenta el macrocosmos, con lo cual para el Creador ya no es su creación, se redime de ella y se reintegra en lo nunca manifestado. Esto es lo que todos los textos sagrados hebreos denominan el jubileo y es lo más cercano a la experiencia plena del Amor: ausencia de límite, vivencia de lo eterno e infinito. (199).
Viene a continuación un breve acápite dedicado a la «Literatura epigráfica y pseudo-epigráfica», y del que queremos destacar El Libro hebreo de Enoch. «Libro de los Palacios o Sefer Hekhalot». Como decimos es un acápite breve, aunque intenso y penetrante, pues nuestro autor lo dedica sobre todo a Metatrón, el «Angel o Príncipe de la Faz», que por otro lado es el tema principal del Libro hebreo de Enoch. Estamos ante una entidad cenital en la enseñanza de la Cábala, pues se trata nada menos que de la
energía primera en la jerarquía angélica con la cual se expresa simbólicamente el orden cosmogónico y que se extiende a los pies o alrededor del Trono de la Gloria. Metatrón, continúa el texto, es la entidad más alta y misteriosa, la potencia activa del Principio inmutable, con funciones de guía, protector, emisario, y revelador de los más altos secretos a los iniciados, con algunos de los cuales, como veremos más adelante, se identifica completamente.
(…) En realidad se trata de una energía universal, inmortal, eterna, y vínculo directo entre la Deidad Pura y el ser humano. (206-207).
Cita a continuación a Mopsik:
Lo que nosotros quisiéramos solamente señalar aquí es el carácter abierto y polimorfo del ángel Metatrón, el cual se encuentra un número incalculable de veces en una inmensa literatura que atraviesa no sólo las épocas y los espacios sino que cruza las fronteras confesionales. Metatrón aparece así en los sellos mandeos, siendo el mandeísmo una religión debida a San Juan Bautista, que se origina en las sectas baptistas y judeo-cristianas primitivas implantadas alrededor del Jordán y que florecieron seguidamente en el área cultural sasánida, la misma en la que el Talmud de Babilonia vio la luz. Igualmente se lo identifica a veces con Hermes y algunos autores le encuentran rasgos relacionados con Mitra. (207).[543]
Tras estas palabras del investigador francés que ubican a Metatrón en un contexto histórico-geográfico, Federico continúa con estas otras que sumen al lector en una profunda meditación acerca de esta misteriosa entidad angélica, de la que también se dice es la que habló a Moisés en el Sinaí, en el episodio de la «zarza ardiente»:
Igualmente, es (…) central la identificación de la energía-fuerza de Metatrón con el Enoch bíblico –del que se dice que andaba con Dios y que fue llevado a los cielos sin pasar por la muerte física–, sol interno irradiador de la luz increada del Principio que según la tradición se encarnó en José y después en el rabí Ismael ben Elicha, o sea que se va haciendo manifiesto cíclicamente a través de entidades o seres humanos de cualquier tiempo que tocados por la gracia divina y entregados a la tarea de transmutación interna, han traspasado todos los umbrales y ámbitos de la conciencia, revistiéndose de los matices de la luz de todas las entidades angélicas, y que habitan por ello en el eterno presente del Santo, bendito sea, reintegrados en el estado principial anterior a la caída, lo que es análogo al símbolo del sol de medianoche. En el Libro hebreo de Enoch se relatan los ascensos y exaltaciones tanto de Enoch como de Rabí Ismael y, en un anexo, también el de Moisés; y en el concentrado texto, antes de finalizar con un exhaustivo recitado de los nombres de Metatrón, revela estas palabras tan arcanas:
«Después, Metatrón se sienta en las alturas celestes durante tres horas cada día y reúne todas las almas de los embriones muertos en el vientre de su madre, de los niños de pecho que han muerto en el seno de su madre y de los pequeños escolares que han muerto [estudiando] los cinco libros de la Torah. El los transporta bajo el Trono de la gloria, y, los hace sentar a su alrededor por clases, por compañías y por grupos, y les enseña la Torah, la sabiduría, la aggadá, la tradición. Acaba para ellos el libro de su estudio, como está dicho: «¿A quién quiere él enseñar la ciencia? ¿A quién quiere hacer comprender la tradición? A aquellos que apenas están destetados, los que vienen de dejar el pecho». (Is. 28, 9)».
Y finalmente nuestro autor nos arrebata hacia otros espacios con estas palabras no menos arcanas sobre el «Príncipe de las Milicias Celestes»:
Pues en verdad, Metatrón es también el encargado de anunciar al ángel de los archivos, el que guarda en el maletín los escritos y los Libros de las memorias [en nota: Ver el capítulo 27 del Libro hebreo de Enoch] que el Santo, bendito sea, lee cada día ante los escribas del gran Tribunal situado en la altura del Firmamento, así como también se hace abrir el libro de los vivos y el de los muertos; por lo que desde la inmutabilidad del Principio Supremo, el mundo se renueva a cada instante por medio de la Palabra de la que Metatrón es guardián y emisario. (209-210).
[540] Hablamos de Isaac y Jacob ha Cohen de Soria, el ya nombrado Moisés de Burgos, Todros Abulafia de Toledo, Isaac ibn Abu Sahula de Guadalajara, sin olvidarnos desde luego de José Chiquitilla, etc.
[541] Se dice al final de este acápite: «Y aunque parezca extraño, aquel que se adentra en el ‘Libro del Esplendor’ se va viviendo como un universo de luces y sombras, y se suma a un discurso que se va grabando en su corazón, con el asombro de que no es sino él mismo el que lo va escribiendo, en la medida en que recibe iluminaciones, esto es, en tanto se va estableciendo relaciones cada vez más sutiles con la Luz o Verbo».
[542] Acerca de la «Escuela del espacio», Federico comenta: «En esta Escuela del espacio tienen cabida los verdaderamente interesados en penetrar las enseñanzas cosmogónicas y metafísicas, que se les irán revelando gradualmente, por la gracia celeste derramada en su corazón y a través del mantenimiento de esforzadas labores de concentración y meditación». [Y en nota añade: «Dicha Utopía o esfera invisible pero real, símbolo de la conciencia del Ser universal, se ha conocido por doquier con diversos nombres, ya sea el de Colegio invisible, Iglesia Secreta, Olimpo invisible, o nunca mejor dicho, la República de las Letras, etc., y el habitar en ella ha sido el anhelo de toda alma arrebatada por la llamada del Origen]». Para todo esto ver Las Utopías Renacentistas.
[543] Este es el caso, añadimos nosotros, de René Guénon, quien en El Rey del Mundo, (capítulo «La Shekhinah y Metatrón»), relaciona efectivamente a Metatrón con Mitra.
ISBN 9788492759668. Ed. Libros del Innombrable. Zaragoza 2014.