Capítulo XI
IV
Estas últimas palabras sobre el capítulo VI nos dan pie para comenzar a hablar de los capítulos III, IV y V, los que consideramos como el núcleo central de Presencia Viva de la Cábala, pues tratan de ese período histórico dentro del cual, y a lo largo de quinientos años (desde el siglo XII hasta principios del XVII), se asiste al nacimiento y desarrollo de la Cábala, y lo que es igualmente importante desde el punto de vista de la Historia de las Ideas: a su implantación definitiva en la cultura de Occidente, que gracias a ello continuó teniendo en su seno el vínculo con los principios metafísicos.
Esto nos lleva a preguntarnos: ¿por qué aflora la Cábala en ese momento? ¿Por qué la Tradición Intima, secreta, sale a la luz y lo que estaba escondido se hace evidente? Estas son preguntas que naturalmente son muy difíciles de responder, aunque seguramente esa «exteriorización» sea la consecuencia de una coyuntura dentro del ciclo humano que la determina y favorece, es decir que está relacionada, como ocurre siempre en las leyes cíclicas, con los «signos de los tiempos», que además están siempre en concordancia con el grado de cualidad espiritual y las tendencias profundas inherentes al ciclo cósmico donde se desarrolla la historia humana en un momento determinado, como es el caso que estamos tratando. Se ha dicho que esa exteriorización nace como reacción a la influencia que la filosofía aristotélica estaba ejerciendo sobre el judaísmo y la cultura judía en general entre los siglos XII y XIII. Esto pudiera ser cierto en algún caso, pero desde luego no es el motivo principal, y más teniendo en cuenta que muchos cabalistas, como es el caso nada menos que de Abraham Abulafia, encontraban en el pensamiento expuesto por los intérpretes judíos de Aristóteles (sobre todo Maimónides, al que Abulafia consideraba su maestro, y que era al mismo tiempo una autoridad rabínica y por tanto insertado en su tradición)[514] una fuente de inspiración para desarrollar determinadas ideas dentro de la Ciencia Sagrada; o dicho de otra manera, los cabalistas (tal el caso del mismo Abulafia, Chiquitilla, o Moisés de León, el autor del Zohar) profundizaron muchas veces en el origen de las ideas enunciadas por los filósofos, judíos o no, y supieron extraer su significado ontológico y metafísico, dándoles un sentido iniciático. En cualquier caso, el ámbito filosófico, aristotélico o escolástico sobre todo, y el cabalístico (iniciático) no están en el mismo plano y no tienen por qué oponerse entre sí, y como ya afirmó el cabalista Moisés de Burgos: «Deberíais saber que estos filósofos, cuya sabiduría tanto elogiáis, terminan donde nosotros comenzamos».[515] Por lo tanto, pensamos que existieron otros motivos que impulsaron la aparición de la Cábala y su posterior y fulgurante desarrollo.
En Las Grandes Tendencias de la Mística Judía, de G. Scholem, y precisamente en el capítulo dedicado a los hasidim de la Alemania medieval, leemos el siguiente fragmento:
Según Eleazar de Worms, desde los días de la Creación ha habido fuerzas históricas de oposición, «mala hierba», como las llama, que contrarían la voluntad divina. El versículo del Génesis 3:18 –«espinos y cardos te producirá la tierra»– debe entenderse no sólo en un sentido natural, sino también histórico; es decir que, en este contexto, la tierra significa el escenario en el que se representa la historia del hombre. Así, mediante un razonamiento basado en el misticismo numerológico, «espinas y cardos» se interpretan como representaciones de la historia profana que se opone al proceso histórico sagrado de cada generación.[516]
Estas palabras entresacadas del libro de Eleazar de Worms revelan claramente el «clima» que vivían los místicos judíos en plena Edad Media, como si, efectivamente, determinadas fuerzas contrarias al «proceso histórico sagrado» implícito en cada época estuvieran a punto de ahogar las corrientes profundas que corrían por el alma de esas generaciones que se consideraban los hijos de aquella Diáspora que había llegado a Europa desde Oriente (Tierra Santa y Babilonia fundamentalmente) unos siglos antes con toda la sabiduría de su milenaria Tradición intacta en sus textos sagrados (de los que desde luego se sentían herederos), y que los más lúcidos de entre ellos habían advertido que era necesario comunicar esa sabiduría más allá de los círculos cerrados en la que estaba depositada desde antiguo, seguramente intuyendo que los «signos de los tiempos» así lo exigían por las dificultades de todo tipo que se iban a presentar, o mejor, que ya se habían presentado, en todo cuanto hacía referencia a la esfera de lo espiritual. Ciertamente, viendo el proceso histórico que se desencadenaría posteriormente, y no sólo contra el propio pueblo judío sino contra todo aquello que significaba la «Tradición» en Occidente, los cabalistas que tomaron esa iniciativa acertaron plenamente en su decisión de difundir mediante el lenguaje simbólico los «misterios ocultos»,[517] naturalmente hasta donde eso era posible por la propia naturaleza metafísica de los mismos, y siempre en los límites que marca la prudencia.
Pensamos que las siguientes palabras que encontramos al comienzo mismo del Zohar (que no olvidemos es un texto que aunque su «trama» se desarrolla en el siglo II está escrito en el siglo XIII) se están refiriendo a esa necesidad perentoria que existía en dichas generaciones de cabalistas:
Dijeron los discípulos a su Maestro: Maestro, ¿No le parece que ha llegado ya el momento tantas veces prometido de revelar los misterios ocultos en la Ley? ¿Hasta cuándo nos mantendremos en una tribuna sostenida por un solo pilar? Las Escrituras dicen: Es el tiempo de obrar del Señor, pues han violado la Ley (Salmos 119:126). Los días son cortos, el acreedor apremia, la proclamación se hace oír cada día, los labradores del campo[518] son escasos y se mantienen en los márgenes de la viña, sin saber qué dirección tomar para conseguir sus fines.
Les dijo Rabí Simón: Reuníos, compañeros, en la Idra (la Asamblea), revestíos de corazas, empuñando lanzas y espadas; armaos de circunspección, de intuición, de inteligencia, de sabiduría, de clarividencia; ejercitad vuestros brazos y piernas y reconoced el Reino de Aquel que dispone de la vida y de la muerte. Preparaos para asimilar las palabras que los grandes Sabios escuchan con gozo y se esfuerzan en comprender.
Como podemos observar es gracias a una firme y enérgica voluntad, que sin duda era el reflejo de la Voluntad de la Asamblea Celeste, que esos místicos judíos nacidos en una época tan crucial como era aquella comenzaron a irrumpir en el escenario de la Historia, dando testimonio de la Verdad ante una humanidad cada vez más alejada de ella. Una de las características principales de ese cambio de orientación fue que muchos de estos cabalistas expusieron por escrito el fruto de sus meditaciones y de su concentración espiritual (kavaná), dando lugar a una literatura sapiencial que sería el detonante principal del desarrollo de la Cábala, además de convertirse en una forma de la transmisión tan importante como la propia transmisión oral, que por otro lado siempre permanecerá vigente pues es consubstancial a la Cábala. Aunque no todos los cabalistas plasmaron por escrito sus enseñanzas (algunos incluso se opusieron o fueron reticentes a ello) es innegable que gracias a esa literatura se abriría el «abanico de posibilidades» en la difusión de la Tradición. Además, hemos de tener en cuenta el contexto histórico, pues en esos siglos en el mundo cristiano (y también en el islámico) se asiste al surgimiento de las universidades y a la difusión del conocimiento a través de las grandes obras del hermetismo cristiano, el neoplatonismo y la escolástica. Como es lógico, en un primer momento la literatura cabalística se dirige a los círculos esotéricos, si bien poco a poco parte de ella se va dando a conocer al resto de la comunidad judía, lo que se vio facilitado posteriormente con la invención de la imprenta, que a su vez sería determinante para que llegaran a los sabios cristianos más receptivos las ideas cosmológicas, ontológicas y metafísicas vehiculadas por la Cábala, como ya apuntamos en su momento.
No se explicaría la rapidez con que se propagó la Cábala desde los centros originales de Provenza y Gerona si no hubiera existido dentro de los círculos del misticismo judío ese interés por ahondar en su propia gnosis, por redescubrir y reinterpretar la inconmensurable riqueza de su Tradición contenida en la Torá, el Talmud, las distintas Misnah, el Sefer Yetsirah, el Sefer ha Bahir, etc., y en algunos casos acudiendo también a la luz de otras tradiciones (neoplatonismo y hermetismo fundamentalmente) para confirmar y ampliar sus hallazgos espirituales. Sin ese fervor enormemente creativo la Cábala se habría quedado reducida a unos cuantos grupos esotéricos sin apenas contagiar con su mensaje el alma íntima de Israel y de Occidente.
En la p. 204 de Presencia Viva… se citan las siguientes palabras de Mark Verman que están en relación con lo que decimos. Este autor se refiere a que el desarrollo del misticismo judío se encuentra concentrado en determinados períodos de intensidad, es decir que ese desarrollo ha sido intermitente a lo largo del tiempo, siendo la época que estamos considerando la más prolífica de todas:
Después [es decir desde el siglo VIII] hay una brecha con actividad sólo esporádica, hasta principios del siglo XIII, en cuyo tiempo hubo una verdadera explosión. Esto duró aproximadamente 100 años y fue la época más productiva y creativa en toda la historia del misticismo judío. Multitud de individuos compusieron cientos de textos incluyendo los escritos del «Círculo» y la indisputable joya de la tradición mística, el Zohar, el Libro del Esplendor.[519]
Precisamente, y hablando del Zohar, todo lo que estamos señalando está de alguna manera implícito en ese fragmento que mencionábamos anteriormente. Por ejemplo, cuando se habla de que los «labradores del campo» (los cabalistas) estaban «en los márgenes de la viña, sin saber qué dirección tomar para conseguir sus fines», ¿a qué se refieren esos fines sino a la propia actualización, por vía de adaptación al momento histórico, de los conocimientos contenidos en la Tradición esotérica, cuyo saber permanecía restringido a esos círculos internos? («¿Hasta cuándo nos mantendremos en una tribuna sostenida por un solo pilar?»). Para ello era necesario que los «labradores» penetraran nuevamente en el campo y no permanecieran pasivos en los márgenes de la viña, es decir en los márgenes de esa tierra que según Eleazar de Worms es «el escenario en el que se representa la historia del hombre», el cual se encuentra perdido en ella sino oye la «proclamación de cada día», o sea sino recibe aquellas «palabras que los grandes Sabios escuchan con gozo y se esfuerzan en comprender». Esto nos hace recordar el siguiente versículo de Proverbios (IX, 9):
Da al sabio, y se hará más sabio todavía / enseña al justo, y crecerá su doctrina.
Llegamos así a la conclusión de que el mensaje renovado de la Tradición metafísica del judaísmo nació como una necesidad, y por tanto como una posibilidad real, que ya estaba contenida en el «Espíritu del tiempo» o, como diría nuestro autor: en el «Ser del tiempo», el cual, en última instancia, siempre obedece a los designios del Santo, bendito sea.
Pero toda renovación en el ámbito espiritual no puede realizarse sin la intervención directa de un principio de orden suprahumano que sacuda la conciencia dormida de los hombres por el poder de su influjo celeste. A este respecto, en el cap. III, y hablando de la unión de los dos centros cabalísticos de Provenza y Gerona, fundamentales para el nacimiento de la Cábala, se dice lo siguiente:
La unión entre ambos centros fue muy estrecha, no sólo porque la doctrina se transmitió de forma horizontal a través de la enseñanza oral y de los escritos y cartas que circularon entre ellos, sino porque muchos de sus integrantes recibieron una influencia espiritual vertical vehiculada por Elías –que en el esoterismo judío es una entidad intermediaria análoga al mítico Hermes Trismegisto alejandrino, al Hermes griego o al Mercurio romano, deidad universal que con diferentes nombres está presente en todas las culturas y pueblos y que cumple idénticas funciones instructoras e iniciadoras– y que los religó por lo más alto.[520] El siguiente fragmento del manuscrito de Ménahem de Recanati recogido por G. Sed-Rajna refleja esta realidad supranatural tan propia de la transmisión esotérica y al mismo tiempo tan incomprendida e incluso negada por la mentalidad racionalista y profana:
«Elías se apareció a Abraham ben David, presidente del tribunal, y le enseñó la ciencia de la Cábala. [Abraham ben David] la transmitió a su hijo RABAD, al cual también se apareció Elías, así como a Isaac el Ciego, que jamás vio con los ojos del cuerpo, y a quien Elías igualmente se reveló. E Isaac la transmitió a sus dos discípulos, R. Ezra, comentador del Cantar de los Cantares, y a Azriel. Y después de ellos, [esta tradición] fue transmitida a RMBN»[521]
Esta es, básicamente, la línea genealógica espiritual (e incluso carnal, pues muchos de ellos eran padres, hijos, nietos, sobrinos) que une la Provenza con Gerona; es decir, por un lado el lugar donde, gracias a la aparición del profeta Elías (la tradición vertical y eterna), se gesta la Cábala en el corazón de esos sabios, y por otro la ciudad, Gerona, donde esas enseñanzas, llevadas por Isaac el Ciego (quien será llamado «padre de la Cábala»)[522] y también por su sobrino Acher ben David, encuentran eco en los sabios de la comunidad gerundense, los cuales llevan a cabo una extensa obra literaria que ampliarán las ideas recibidas, y que será determinante para que la Cábala comience a ser conocida en el resto de Cataluña (Barcelona sobre todo), y España, con Castilla como centro neurálgico pues de ahí saldrá el Zohar, el libro más influyente de la Cábala dentro del mundo judío y fuera de él:
Azriel y Ezra ben Selomoh (…) fueron discípulos de Isaac el Ciego y dos de los grandes representantes de la Cábala de Gerona, siendo principalmente el primero el impulsor de una tendencia de profundidad aperturista, en el sentido de querer difundir la doctrina interior más allá del ámbito de iniciados judíos. Jacob ben Sheshet también se adhirió a esta corriente y se mostró muy interesado en conjugar la esencia de la doctrina hebrea con la de otras formas tradicionales. A estos tres habría que añadir Nahmánides, un talmudista de prestigio que fue el patriarca de la ciudad, el cual, sin embargo, prefirió dar su enseñanza exotérica por escrito, reservando la esotérica, la cabalística –a la que se refiere parcialmente en sus textos– a la instrucción oral. Nahmánides también contribuyó al desarrollo de la Cábala en Barcelona, junto con sus discípulos Salomón ben Adret, Isaac Todros y David ha-Kohen, los que siguiendo la línea de su maestro legaron las enseñanzas esotéricas a un grupo pequeño de adeptos, y dejaron muy pocos testimonios escritos. Por otra parte, en la Ciudad Condal fue igualmente muy importante la función de Abraham Abulafia, quien (…) vivió durante algunos de sus años de estudio en dicha ciudad –donde tuvo la oportunidad de seguir las enseñanzas de Barukh Togarmi y de conocer varios comentarios al Sefer Yetsirah– siendo el propulsor de la Cábala llamada extática o lingüística… (88-89).
A lo largo de varias páginas se realiza una síntesis de algunas de las ideas que este eminente cabalista de la Provenza aportó a la Cábala, basándose sobre todo en el contenido del Sefer Yetsirah y el Bahir, pues sabe que las palabras y las letras, y según lo atestiguado por su discípulo Azriel de Gerona:
contienen «esencias sutiles y secretas» en las que se encuentra en estado de latencia todo lo que de ellas derivará en el futuro, como el hombre que posee en germen todos sus descendientes. (83).
O bien esta otra meditación, de una penetración y claridad intelectual realmente conmovedora por su profundidad, del Comentario que el propio Isaac el Ciego hizo sobre el Sefer Yetsirah, donde se advierte una sutil referencia al valor didáctico del símbolo:
Por eso se dice diez y no nueve, ya que el pensamiento no puede aprehender la medida de lo que hay encima de Hokhmah, ni tampoco en el interior de Hokhmah salvo por medio de la comprensión, tal como dice, comprender en Sabiduría. Comprender podría ser sólo un infinitivo, pero si es un imperativo es sólo para los adeptos. No dice «comprender la Sabiduría» o «conocer la Sabiduría», sino comprender en Sabiduría, ya que la Sabiduría llega por medio de la comprensión y comprensión es comprender en Sabiduría, no comprender la Sabiduría, sino comprender la comprensión que hay en la Sabiduría. ¿Y cómo es esta comprensión? Comprende en Sabiduría y sé sabio en comprensión, ya que hay esencias escondidas que no tienen inscripción en ellas; no se pueden comprender, pero sí esa cosa que emana de ellas. ¿Qué es la comprensión para esa cosa o para el adepto que la comprende? A partir de las esencias inscritas hay una comprensión de aquellas que no están inscritas, y a partir de la aprehensión interna de su Pensamiento hay una comprensión de su Causa en ‘En Sof (80-81).
Tras ahondar en el pensamiento de Isaac el Ciego y los cabalistas de Provenza, vienen 40 páginas al estudio de los tres cabalistas más importantes de Gerona, o al menos los más conocidos: Azriel, Ezra ben Salomón y Nahmánides. Se ha dicho del centro cabalístico de Gerona que constituía una «santa compañía», lo que da cuenta de la función axial que desempeñaron sus integrantes dentro del esoterismo judío. De hecho, cumplían una función eminentemente sacerdotal, es decir conservadora y transmisora al mismo tiempo de la Sabiduría Perenne. Como se dice en la nota 85 por boca de Miriam Eisenfeld (que traduce, prologa y realiza las notas de una de las tantas ediciones del Libro de la Formación. Sefer Yetsirah):
La escuela de Girona estudió y desarrolló los temas que aparecen en el Sefer Yetsirah en estado embrionario, como el concepto de sefyroth, esos canales por los que circula la realidad divina, aportando a la cábala posterior sus premisas esenciales. Podemos afirmar que la terminología y las ideas de base del pensamiento gerundense han seguido siendo utilizadas posteriormente por todos los cabalistas que reconocen de este modo la fuerza de esa herencia intelectual y espiritual.
En efecto, los cabalistas de Gerona llegaron a conformar un núcleo sagrado que se había constituido, a mediados del siglo XIII, en el punto de referencia más importante dentro de la Ciencia cabalística, que incluyó también, no hay que olvidarlo, el desarrollo de la doctrina de los ciclos cósmicos (conocida como shemittot) desde la perspectiva del judaísmo, si bien se reconocen en ella influencias cristianas, árabes, iranias e incluso hindúes.
Azriel de Gerona sería el mejor ejemplo de lo que dijimos más arriba sobre los cabalistas que tomaron la escritura como soporte para exponer su conocimiento y vivencia de la doctrina, logrando, en efecto,
una mayor difusión y apertura de la enseñanza esotérica que hasta entonces había permanecido circunscrita a los reducidos círculos de iniciados judíos, divulgación que realizó a través de su prolífica producción literaria de carácter doctrinal, la cual tuvo repercusión y despertó interés más allá de su grupo e incluso de su tiempo.[523] (p. 90).
Asimismo Gabrielle Sed-Rajna:
En lo que respecta al maestro, Azriel aparece como un pensador de envergadura dotado de una poderosa originalidad. Su horizonte intelectual sobrepasa ampliamente los dominios de su propia tradición; se muestra informado de las corrientes de pensamiento contemporáneas, exteriores a la Cábala, donde numerosos elementos reaparecen en sus trabajos, armoniosamente integrados en su sistema. Su estilo, sus expresiones, son remarcablemente ricas; su vocabulario contiene muchas expresiones novedosas revestidas de una significación nueva. La misma forma de sus tratados varía en función del sujeto o del medio al cual se dirige. Se interesa apasionadamente por las cuestiones metafísicas, que dominan todo su pensamiento, y dota a la joven teosofía de una estructura intelectual con fuertes tintes de neoplatonismo. Entre los cabalistas, puede que ningún autor enuncie de una manera tan finamente matizada las definiciones doctrinales, de entre las cuales, las más importantes pertenecen a la pluma de Azriel, desarrolladas de una forma siempre inédita. (90-91).
En efecto, Azriel es considerado el más neoplatónico de los cabalistas de su tiempo. Se ha hecho notar la influencia de Pitágoras y Proclo y asimismo de Escoto Erígena y su obra magna De la División de la Naturaleza. También se ha mencionado en el mismo sentido al poeta y filósofo neoplatónico hispano-hebreo Ibn Gabirol con sus dos obras Fuente de Vida y Corona Real (Kether-Malkhuth). Esas influencias, y otras, no serían desde luego de extrañar, máxime si tenemos en cuenta que en la época de Azriel, y precisamente en la zona geográfica que abarca el nordeste de España, el Languedoc y la Provenza, existía un continuo trasiego de ideas relacionadas con la Filosofía Perenne, y los sabios hebreos (que repetimos nuevamente vivían inmersos en ese medio) no podían ser ajenos a todo ello, y sobre todo quienes como Azriel tenían una viva «curiosidad» intelectual por conocer la gnosis de otras tradiciones (ver, por ejemplo, las notas 87, 89 y 92 de Presencia Viva…).
En síntesis, la obra de Azriel gira en torno y profundiza en el concepto del En Sof (el Infinito), en el modelo del Arbol de la Vida y en consecuencia en el simbolismo de las sefiroth (contempladas como luces espirituales de distinta intensidad que emanan de la «Luz Oculta» es decir de las «Tinieblas más que luminosas» en palabras de Dionisio Areopagita y de todos los metafísicos cristianos) y, como muchos cabalistas, concede una importancia capital al rito de la oración como forma de comunicación y unión con la Deidad. El pensamiento de Azriel alcanza cimas muy altas, y su obra constituye un pilar fundamental de la Cábala por la influencia en las generaciones que le siguieron, tanto de Sefarad como de Safed y otros lugares de la geografía occidental. En El Pórtico del Interrogador nos dice Azriel:
El interrogador insistirá aún: ¿En qué consiste la esencia de las sefirot?
Respuesta: La esencia de las sefirot se identifica tanto con una cosa como con su opuesto pues, si no hubiera en ellas una fuerza indiferenciada, no tendrían la capacidad de ejercer su influencia sobre todo lo que existe.
(…) Si el interrogador pregunta de nuevo: Y a me enseñaste sus nombres, su lugar, su orden; ya me dijiste que la Justicia recibe la fuerza de todas las otras. Explícame ahora cómo es posible que cada una de ellas pueda vertirse [hacia las otras] y recibir [el fluido que proviene de las precedentes].
Respuesta: Debes saber que el objetivo de toda emanación es el de testimoniar la unidad de ‘En-Sof. Si el receptor no estuviera unido al emisor y viceversa, y si ambos no se reunieran en una fuerza única, nosotros no podríamos saber que los dos forman una fuerza única. Sólo gracias a su unidad se puede conocer ese poder de unificación. Y dado que es evidente que existe una fuerza unificadora revelada, a fortiori [se nos enseña] que no se debe meditar sobre lo que está oculto. Entonces, cada una de las sefirot cumple al mismo tiempo la función de emisor y de receptor (95-96).
Y acerca de la oración:
Quien ora debe deshacerse de todo lo que le obstruye y perturba, y debe reconducir el mundo hacia su origen, literalmente hacia su Nada. (Azriel, citado por Scholem en Los Orígenes de la Cábala…) [En nota: Lo que nos recuerda estas palabras de Proclo: «Es necesario prevenir todos los obstáculos contra la visita de los dioses y establecer en torno a nosotros un reposo total, para que la presencia de los espíritus llamados por nosotros se realice sin perturbación y en calma»].
Y quien asciende de esta manera, de palabra en palabra, mediante el poder de su intención, hasta llegar a en-sof, debe dirigir su kavaná de forma que corresponda a su perfección, de tal modo que la voluntad suprema se revista de su voluntad, y no sólo que su voluntad se revista de la suprema. (…) Entonces, cuando la voluntad superior y la inferior, en su indistinción y en su debecut[524] a la unidad [divina] se convierten en una, el efluvio mana según la medida de su perfección. (102-103).
[514] También el cabalista castellano Chiquitilla tenía en gran estima a Maimónides, aunque no coincidiera en muchas de sus ideas. Incluso el autor del Zohar, Moisés de León, estuvo influenciado en su juventud por el filósofo cordobés.
[515] Términos similares eran utilizados también por los taoístas para referirse a los filósofos seguidores de Confucio.
[516] Estas palabras que Scholem extrae de una obra de Eleazar de Worms, Hojmat ha–Néfesh, demuestra que éste tenía conocimientos de la Historia nada superficiales, o «rudimentarios» como advierte el propio Scholem.
[517] En la nota 103 de Presencia Viva…, leemos estas palabras de Job (28-11): «E hizo salir a la luz lo escondido».
[518] Nombre con que también se conoce a los cabalistas.
[519] Con la palabra «Círculo» este autor está aludiendo al Iyyún provenzal.-
[520] En varias de sus obras, si no prácticamente en todas, Federico alude a esta entidad espiritual (asimilada en el Islam al profeta Idris----- y a El-Khidr, protector de los âfrad, o «solitarios»). Por ejemplo, en Hermetismo y Masonería, en cuyo capítulo primero leemos lo siguiente: «tanto Elías como Henoch, no están muertos, sino que han sido arrebatados por un carro de fuego y aún viven como ya lo hemos dicho: es decir que la enseñanza de Hermes-Henoch- y Elías, su influencia espiritual y su poder regenerativo, está tan intacta hoy como cuando fue revelada, en el comienzo del tiempo, por lo que esta energía-fuerza puede ser encontrada por aquel que la busque, pues es perenne, siempre presente y se muestra a los que la solicitan mediante duros y exigentísimos- trabajos y pruebas iniciáticas que siempre se sufren y se reconocen en la soledad».-
[521] Iniciales de Rabí Moisés ben Nahman, Nahmánides.------
[522] En la nota 66 aparece el siguiente fragmento de Isaac el Ciego acerca de la contemplación, y que nos sirve también para comprender un poco mejor la naturaleza del pensamiento analógico, y por tanto del símbolo como nexo de relación y de unión (es decir de armonía) entre los diferentes planos jerárquicos contenidos en la Manifestación y en cada una de las cosas y seres que la componen. Dice Isaac el Ciego: «La sefiyah es la intelección de una entidad a partir de otra, como en el versículo ‘Velaré para ver’ (Habacuc, II, I) que se refiere a la evidencia del Verbo. La sefiyah significa que cada una de las causas depende, se eleva y obtiene la contemplación de otra causa superior a ella. Cada dimensión atrae lo que procede de otra dimensión según el siguiente orden de manifestación: lo tallado procede de lo esculpido, lo esculpido de lo trazado y lo trazado de lo invisible. Todo está incluido: un elemento en otro que a su vez procede de otro. Todo está enlazado: un elemento con otro y éste a su vez con otro. ¿Cómo se reciben mutuamente? Por medio del elemento sutil y esencial».
[523] He aquí algunos de los libros y tratados de Azriel: Comentario al Sefer Yetsirah, Pórtico del Interrogador, Comentario sobre la liturgia cotidiana, y Comentario sobre la Unificación del Nombre.
[524] En el útil y práctico Glosario que hay al final de Presencia Viva… encontramos la siguiente definición de la palabra debecut: «De dabac, adherirse. Conexión y aun comunión con la divinidad cuando se unen el conocimiento, el conocedor y lo conocido». Por otro lado, de la palabra kavaná se dice lo siguiente: «Intención del corazón. Concentración espiritual».
ISBN 9788492759668. Ed. Libros del Innombrable. Zaragoza 2014.